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El nacimiento del biologismo

Carácter biológico de la psiquiatría de la Antigüedad

Los filósofos y escritores de la Antigüedad, desde los trágicos griegos a Cicerón, nos dejaron admirables análisis psicológicos de las "pasiones del alma", pero esas descripciones no pertenecían a la medicina, a la cual el concepto de psicogénesis le era absolutamente extraño.

Toda enfermedad tenía necesariamente una causa material.

La psiquiatría antigua era radicalmente biológica. Los síntomas observados eran la expresión de una disfunción del cerebro, que podía estar provocada por factores físicos diversos.

Se daba una gran importancia a las condiciones climáticas y a la alimentación.

Los "humores", los líquidos del organismo, jugaban un papel central.

Una teoría biológica: la doctrina humoral

Según la doctrina humoral, que data de Hipócrates y fue sistematizada por Galeno, en el cuerpo existían cuatro humores:

  • Sangre.
  • Bilis amarilla.
  • Bilis negra o atrabilis.
  • Linfa o flema.

El equilibrio de estos cuatro humores condicionaba la salud. Cuando aquél se rompía, el humor producido en exceso intoxicaba el cerebro, produciendo los trastornos psíquicos.

La melancolía, como su etimología indica, era la enfermedad de la bilis negra. Podía provenir directamente del cerebro o ser segregada en los órganos situados en los hipocondrios tales como el estómago y difundirse secundariamente hacia el encéfalo, produciendo la forma hipocondríaca de la enfermedad.

La teoría humoral había sido invocada para otros síndromes: Alejandro de Tralles atribuía la frenitis y la letargia a un exceso de bilis amarilla y de flema respectivamente.

Esta concepción de los trastornos depresivos se mantuvo durante mucho tiempo y fue aceptada por algunos psiquiatras hasta mediados del siglo XIX.

Terapéutica

De la misma manera que la etiopatogenia de los trastornos mentales era de naturaleza esencialmente biológica, su tratamiento sólo recurría a elementos materiales o considerados como tales.

El reposo, el cambio de medio, los regímenes alimentarios prescritos, eran considerados como tratamientos por sus efectos físicos.

La farmacoterapia ocupaba un lugar central. Si bien el eléboro, el medicamento preferencial de la época, hoy nos parece desprovisto de toda actividad real, el efecto hipnótico y sedante de los alcaloides de la semilla de amapola había sido ya descubierto y utilizado.

 

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