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Aportaciones de la medicina antigua El edificio teórico de la psiquiatría de la Antigüedad era verdaderamente especulativo. Se había construido sobre la base de observaciones fragmentarias, a menudo mal interpretadas, y con conocimientos insuficientes de la anatomía y la fisiología humanas. Sin embargo, contó con elementos que después de dos milenios siguen estando en el centro de la perspectiva biológica en psiquiatría. Destaca la afirmación del papel decisivo del funcionamiento cerebral en los trastornos mentales. En algunos médicos ya aparecía la noción de la función específica de diferentes zonas del encéfalo. Alejandro de Tralles hacía de la p arte anterior del encéfalo la sede de la sensibilidad. Este esbozo de localizacionismo será ampliado por los médicos de lengua árabe, que lo combinarán con el concepto de "virtudes naturales", origen de nuestras funciones psicológicas. En el siglo XII, Avicena fija la sede de estas virtudes (como la imaginación, el razonamiento o la memoria) en zonas particulares de los ventrículos cerebrales, las únicas formaciones encefálicas entonces bien individualizadas. La teoría humoral aparentemente no tiene ya más que un interés histórico y sólo perdura en el vocabulario (se habla actualmente de temperamento sanguíneo, atrabiliario, flemático, etc.). La idea básica del papel de los fluidos orgánicos en el funcionamiento nervioso se vuelve a encontrar, ciertamente de manera muy diferente, en las nociones modernas de neurotransmisores, y las investigaciones experimentales relacionan las variaciones de su disponibilidad en el cerebro con las manifestaciones psíquicas, normales y patológicas.
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